Lagunas turquesa y bungalós de lujo. Mejor época: Mayo a octubre.
Ocho días suenan a mucho para una isla que se rodea en una mañana, y ese es justo el punto: Bora Bora no se visita, se habita despacio. Descuenta casi dos días de viaje —desde España no hay vuelo directo; se llega vía Papeete y de ahí un salto interno de unos 50 minutos— y quedan seis reales, que dan para una excursión por la laguna, snorkel con rayas y tiburones de punta negra, una vuelta a la isla principal y mucho tiempo de no hacer nada.
Moverse funciona distinto que en casi cualquier otro sitio: el aeropuerto está en un motu y el traslado inicial ya es en barco, sea la lanzadera del hotel o el ferry hasta Vaitape, el único pueblo. La isla principal tiene una sola carretera costera de unos 30 kilómetros, que se recorre en bici o con coche o scooter de alquiler; no hay transporte público real. Si te alojas en un motu, dependes de las lanchas del alojamiento, con horarios que conviene mirar antes de reservar cenas fuera. Curiosidad: la pista de aterrizaje la construyó el ejército estadounidense en 1942, cuando la isla fue base logística en el Pacífico.
De mayo a octubre manda la estación seca: menos humedad, alisios constantes y agua clara. El matiz: julio y agosto coinciden con el Heiva, las vacaciones europeas y los precios más altos del año, así que mayo, junio, septiembre y octubre suelen compensar más; entre agosto y octubre, además, pasan las ballenas jorobadas.
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Mañana. Aterrizas en el aeropuerto, que está en un islote (motu) aparte, y el traslado a la isla principal se hace en barco. Deja las maletas en el alojamiento y no planees nada más exigente que un baño y un paseo.
Tarde. Acércate a Vaitape, el pueblo principal. Se recorre a pie en poco tiempo: la iglesia, el muelle y alguna tienda de perlas negras y pareos. Compara precios antes de comprar perlas.
Noche. Cena con pescado crudo al estilo local (poisson cru, con coco y limón), el plato que no te puedes dejar sin probar. Acuéstate pronto: el día siguiente es largo y conviene salir temprano.
Mañana. Excursión en lancha o catamarán por la laguna, con parada para hacer snorkel entre rayas y tiburones de arrecife en aguas poco profundas. Es la experiencia central del viaje, así que elige un operador pequeño y reserva con antelación. Lleva camiseta de licra: el sol aquí castiga incluso con nubes. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Después de la excursión, tiempo libre en el agua turquesa del lado de los motus. Si te sobra energía, un último baño en el arrecife antes de volver.
Noche. Vuelta a la isla principal y cena tranquila. Si el cielo está despejado, sal a mirar las estrellas lejos de las luces.
Mañana. Dedica la mañana a la playa de Matira, el principal arenal público de la isla, con aguas someras y poca profundidad. Aprovecha para nadar con calma. Es la mejor opción si quieres playa sin pagar un hotel.
Tarde. Alquila una bicicleta o un coche y da la vuelta a la isla por la carretera costera, que es una sola y no tiene pérdida. Verás antiguos cañones de la Segunda Guerra Mundial, cuando los estadounidenses usaron la isla como base, y miradores sobre la laguna. Hazlo sin prisa. Reservar entradas y visitas.
Noche. Despídete con una cena en un restaurante frente a la laguna. Reserva mesa con tiempo. Reservar entradas y visitas.
Bora Bora es cara y el traslado desde el aeropuerto a la isla principal es en barco, así que reserva con antelación excursiones y cenas, y lleva protector solar compatible con el arrecife y calzado de agua para los fondos con coral.
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