La ciudad que nunca duerme: rascacielos, museos y Broadway. Mejor época: Primavera y otoño.
Del aeropuerto al hotel hay más viaje del que uno espera: JFK está a unos 25 kilómetros de Manhattan y, combinando el AirTrain con el metro o con el tren de cercanías, el trayecto real ronda entre 50 y 75 minutos; en coche puede ser más lento según el tráfico. Newark queda en otro estado, Nueva Jersey, y también exige tren hasta Penn Station. LaGuardia es el más cercano pero no tiene conexión ferroviaria, solo autobús. Conviene contar medio día para llegadas y salidas.
Una vez dentro, el metro resuelve casi todo: funciona 24 horas los 365 días, algo que muy pocas redes del mundo mantienen, y se paga acercando la tarjeta bancaria sin contacto al torno. El matiz que despista al recién llegado es la diferencia entre trenes locales y exprés de una misma línea: el exprés se salta paradas y puede dejarte varias estaciones más allá. A pie, la cuadrícula de Manhattan simplifica orientarse; veinte manzanas cortas vienen a ser kilómetro y medio. Y el ferry a Staten Island, además de gratuito, pasa a la vista de la Estatua de la Libertad.
Lo de primavera y otoño tiene su porqué: el verano es húmedo y bochornoso, con el calor rebotando en el asfalto, y el invierno trae rachas de viento helado canalizadas entre rascacielos. Mayo, septiembre y octubre combinan temperaturas llevaderas con días aún largos; entre Acción de Gracias y Año Nuevo la ciudad se llena y el alojamiento se dispara.
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Mañana. Empieza temprano en el Empire State Building o, si prefieres menos cola y mejores vistas del propio Empire State en el skyline, en el Top of the Rock. Subir a primera hora reduce esperas y la luz suele ser más limpia. Después ve por la Quinta Avenida hasta la Biblioteca Pública de Nueva York (edificio Stephen A. Schwarzman), en la calle 42, y su sala de lectura principal, la Rose Main Reading Room. Desde el Empire State (calle 34) hay que subir unas 8 manzanas hacia el norte; desde el Top of the Rock (calle 50) se baja. Conviene comprobar que la sala esté abierta, porque ha tenido cierres temporales. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Camina hasta Grand Central Terminal y fíjate en el vestíbulo principal con su techo astronómico. Come algo sencillo por la zona y sigue a Times Square: con media hora basta para verlo, es un sitio para pasar, no para quedarse.
Noche. Cena cerca de Times Square, mejor unas calles hacia el oeste, en Hell's Kitchen, donde hay mejores restaurantes que en la propia plaza. Si te apetece, un espectáculo de Broadway cierra bien el día; conviene reservar con antelación. Reservar entradas y visitas.
Mañana. Entra en Central Park por el sur y pasea sin prisa por The Mall, la avenida de los olmos, hasta Bethesda Terrace y el lago. Es un buen momento antes de que se llene de gente. Después sal hacia el lado este del parque.
Tarde. Dedica la tarde al Metropolitan Museum of Art, que está en el borde del parque. Es enorme: elige dos o tres secciones (el Egipto del templo de Dendur, la pintura europea, el arte americano) en lugar de intentar verlo todo. Reservar entradas y visitas.
Noche. Cruza el parque hacia el Upper West Side, por ejemplo con el autobús transversal de la calle 79 o 86, o caminando, ya que no hay metro directo cómodo. Cena tranquilamente por la zona de Columbus Avenue, con ambiente de barrio. Si te quedan fuerzas, baja con un paseo corto hasta el Lincoln Center para ver su fuente central.
Mañana. Toma el ferry a la Estatua de la Libertad desde Battery Park y reserva con antelación, porque salir temprano evita colas largas. Si quieres entrar en la corona, hay que reservarlo con mucha más antelación. Es la excursión más clásica y se hace mejor a primera hora. Reservar entradas y visitas.
Tarde. De vuelta en Manhattan, visita el memorial del 11-S en la Zona Cero, un espacio sobrio que conviene recorrer en silencio. Después cruza a pie el puente de Brooklyn hacia Brooklyn, con el skyline a tu espalda al ir y de frente cuando te des la vuelta. Reservar entradas y visitas.
Noche. Desde el puente de Brooklyn ve hacia el norte, a DUMBO, junto al río, para la clásica foto del puente de Manhattan enmarcado entre dos edificios de ladrillo en Washington Street. Cena por la zona o en Brooklyn Heights, al sur de DUMBO, y cierra con un paseo por la Promenade, que mira directamente al skyline iluminado.
Usa el metro y caminar para moverte, y lleva calzado cómodo porque harás muchos pasos al día. Reserva con antelación lo que tenga entrada (ferry, miradores, Broadway) y deja algo de margen en cada jornada para improvisar.
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