Diseño, bici, hygge y la mejor gastronomía nórdica. Mejor época: Verano.
Del avión al centro se tarda menos de lo que cuesta facturar: el aeropuerto de Kastrup está a unos ocho kilómetros, en la isla de Amager, y tanto el metro como el tren plantan al viajero en el centro en un cuarto de hora escaso. El metro, además, no tiene conductor y funciona las 24 horas, así que aterrizar de madrugada no obliga a pagar un taxi. Con tres días, esa cercanía permite empezar a patear la ciudad la misma tarde de la llegada.
Una vez allí, la bici manda. No es postureo: hay más bicicletas que coches en el centro, los carriles tienen semáforos propios y alquilar una es la forma más rápida de cubrir distancias que a pie se hacen largas, porque la ciudad es llana casi por completo. Quien prefiera no pedalear tiene el metro automático, autobuses y los barcos amarillos del puerto, que forman parte del transporte público con el mismo billete y hacen de paseo por los canales a precio de trayecto urbano.
Lo del verano tiene truco bueno: en junio hay unas diecisiete horas de luz y anochece pasadas las diez, así que los días cunden el doble. A cambio, julio y agosto concentran cruceros y precios altos, y conviene contar con chubascos cortos y viento aunque haga sol. El dato que despista a casi todos: el agua del puerto está tan limpia que los propios daneses se bañan en ella, con zonas de baño urbanas como la de Islands Brygge.
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Mañana. Empieza en el Ayuntamiento y recorre andando la calle peatonal Strøget, que pasa por Nytorv y Gammeltorv; esta última, Gammeltorv, está considerada la plaza más antigua del centro. Detente en Rundetaarn, la torre redonda: se sube por una rampa en espiral en lugar de escaleras, y desde arriba se entiende cómo es el casco antiguo, de tejados verdes y agujas. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Cruza hacia Slotsholmen, la isla del poder político. Visita el palacio de Christiansborg y, si el tiempo acompaña, sube a su torre, que ofrece una de las mejores vistas gratuitas de la ciudad. Después sigue los canales hasta Nyhavn, sin prisa: es la postal obligada, pero mejor mirarla que comer allí, porque los restaurantes del muelle son caros y bastante turísticos. Reservar entradas y visitas.
Noche. Cena en uno de los locales de smørrebrød del centro, el sándwich abierto danés de pan de centeno. Paseo final por el canal con la luz del anochecer.
Mañana. Ve a primera hora al palacio de Rosenborg, donde se guardan las joyas de la corona. Es compacto y se visita bien en poco tiempo. Después, camina por Kongens Have, el jardín del Rey, que a esas horas está tranquilo. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Baja hacia la zona del puerto: Amalienborg, la residencia de la familia real, y el paseo junto al agua hasta La Sirenita. Es más pequeña de lo que la gente espera; lo mejor es el paseo, no la estatua. Desde allí ve a Christianshavn, el barrio de canales con aire de pueblo, que está al otro lado del puerto interior: puedes ir en bus, en bici o a pie cruzando un puente, como Inderhavnsbroen (peatonal y ciclista) o Knippelsbro.
Noche. Cena en Christianshavn y cierra la noche paseando por sus canales. Si te apetece algo diferente, acércate a Freetown Christiania, un enclave alternativo con su propia historia; ve con respeto, evita hacer fotos en Pusher Street y su zona de venta de cannabis, donde están prohibidas (en el resto de Christiania se puede fotografiar), y ve con la mente abierta.
Mañana. Dedica la mañana al Museo Nacional de Dinamarca, junto al centro: un recorrido claro por la historia del país, desde los vikingos hasta hoy, con una sección infantil que también engancha a adultos. Es una buena opción si el día amanece gris. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Alquila una bici o simplemente camina hasta Nørrebro o Vesterbro, los barrios donde vive la gente de la ciudad. Busca una cafetería con bollería danesa y curiosea las tiendas de diseño y las librerías. Vesterbro está más cerca de la estación y resulta más cómodo si vas con poco tiempo.
Noche. Termina en los jardines de Tivoli, junto a la estación central, con el parque iluminado. No hace falta subirse a todas las atracciones: basta con pasear y cenar algo, pero ten en cuenta que la entrada al parque se paga aunque solo vayas a pasear, y no incluye las atracciones. Es el cierre más clásico para un primer viaje. Reservar entradas y visitas.
Muévete en bici o a pie siempre que puedas: el centro es compacto y los carriles bici son parte de la vida diaria. Lleva capas y algo impermeable, porque el tiempo cambia rápido incluso en verano.
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