Viajar a Marrakech

Color, zocos, riads y desierto a tiro de piedra. Mejor época: Primavera y otoño.

Mejor época: Primavera y otoñoDuración: 4 díasTipo: cultura

El aeropuerto de Menara queda a unos cinco kilómetros del centro: del avión a la medina se tarda un cuarto de hora en taxi, pactando el precio antes de subir porque el taxímetro rara vez se usa en ese trayecto. Ojo con el último tramo: muchos riads están en callejones donde no entra el coche, así que el taxi te deja en la puerta o plaza más cercana y conviene que el alojamiento explique cómo llegar a pie.

Dentro de la medina se va andando, compartiendo callejón con motos y carros que pasan rozando; para Guéliz, la ciudad nueva de trazado francés, o para los jardines más alejados, funcionan los petit taxis de color beige. No hay metro ni tranvía y tampoco hacen falta. Lo de primavera y otoño tiene truco: en pleno verano se superan los 40 grados con frecuencia, y en invierno los días son suaves pero las noches caen en picado, y muchos riads, construidos en torno a patios abiertos, se quedan fríos.

Dos datos que descolocan: Marruecos debe su nombre en español a esta ciudad, y en invierno el Atlas nevado se ve desde la propia Marrakech, con la estación de esquí de Oukaïmeden a unos 75 kilómetros. En cuanto al desierto, matiz importante: el de Agafay, de piedra, queda a unos 40 kilómetros y sale en el día; las dunas del Sahara están a cientos de kilómetros y exigen como mínimo dos días de ruta.

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Marrakech en 3 días

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Día 1 · La médina y el corazón de Jemaa el-Fna

Mañana. Empieza por los zocos antes de que el calor y la gente los colapsen. Entra por el eje principal del souk Semmarine y desvíate hasta el souk Sebbaghine, el de los tintoreros, con las madejas recién teñidas colgando sobre la calle. Sin prisa y sin guía impuesto. Las curtidurías de Bab Debbagh quedan lejos, a veinte minutos largos a pie hacia el noreste: déjalas solo para si te sobra la mañana, y con un aviso claro — por ese camino abundan los falsos guías que se ofrecen a llevarte; ve por tu cuenta o déjalo para otro viaje.

Tarde. Visita la madraza Ben Youssef, el monumento islámico más importante de la ciudad. La arquitectura de yeserías y mosaicos merece tiempo y silencio. Después acércate a la Koubba Almorávide, a pocos metros, el único edificio almorávide conservado en Marruecos. Reservar entradas y visitas.

Noche. Antes de que caiga el sol, pasa por la Koutoubia: no se visita por dentro, pero su alminar, la explanada y los jardines que la rodean son la mejor antesala de la plaza. Al anochecer, Jemaa el-Fna se transforma: sube a una terraza de las cafeterías que la rodean para verla desde arriba, y luego baja a mezclarte entre encantadores de serpientes, contadores de historias y músicos gnawa. Cena en uno de los puestos numerados de la plaza, señalando lo que quieres antes de sentarte.

Día 2 · Palacios, jardines y la Marrakech saadí

Mañana. Visita a primera hora las Tumbas Saadíes, selladas durante siglos y redescubiertas en 1917. El recinto es pequeño pero muy bien conservado; ir temprano evita las colas. Saliendo, el barrio de la Kasbah se recorre a pie sin esfuerzo. Reservar entradas y visitas.

Tarde. Pasea por las ruinas del Palacio El Badi, construido por el sultán Ahmad al-Mansur en el siglo XVI y desmantelado décadas después por Mulay Ismail, que se llevó sus materiales a Mequinez. Las cigüeñas anidan en lo alto de sus torres. Después, sin alejarte, entra al Palacio de la Bahía para ver cómo vivía la élite marroquí del XIX: patios, fuentes y techos de cedro tallado. Reservar entradas y visitas.

Noche. Cena en el barrio de Mouassine, dentro de la médina pero algo más tranquilo que Jemaa el-Fna. Hay varios restaurantes establecidos en riads restaurados donde se come cocina marroquí tradicional —pastela, tajín de cordero con ciruelas, cuscús de los viernes— sin el agobio del centro.

Día 3 · Jardines, art déco y la ciudad nueva

Mañana. Dedica la mañana al Jardín Majorelle, creado por el pintor Jacques Majorelle y recuperado por Yves Saint Laurent. El azul cobalto de los edificios, los cactus centenarios y el museo bereber que alberga piden ir a primera hora, cuando aún se pasea con calma. Reservar entradas y visitas.

Tarde. Sal de la médina y pasea por Guéliz, el ensanche francés de los años 20. La avenida Mohammed V concentra edificios art déco bien conservados, librerías, y el Mercado Central, donde comprar aceitunas, especias o argán sin el regateo intenso de los zocos. Tómatelo como un cambio de ritmo necesario.

Noche. Última noche en la médina. Busca un hammam tradicional de barrio —los hay en casi cada calle— para un baño de vapor y una exfoliación con guante kessa y jabón negro antes de cenar. Despídete de Jemaa el-Fna dando una vuelta sin agenda, ya con la ciudad algo más familiar. Reservar entradas y visitas.

En los zocos, regatear es parte del juego, pero hazlo con calma y sin presión: si el precio no convence, agradecer y alejarse suele abrir la negociación. Lleva ropa que cubra hombros y rodillas: se agradece en toda la médina. Ten en cuenta que en Marruecos las mezquitas en uso no se visitan por dentro si no eres musulmán — la Koutoubia se disfruta desde fuera. El dírham no se puede comprar en España antes de salir, así que lleva euros y cámbialos allí en oficinas de cambio oficiales, nunca en la calle.

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