Palacio romano frente al Adriático e islas a un salto. Mejor época: Junio a septiembre.
Antes que ningún monumento, pasa por el pazar, el mercado que se apoya en el muro este del palacio: higos, aceite, queso de la isla de Pag y verdura del interior dálmata. A un paso de la Riva, la peškarija despacha el pescado que por la noche acaba a la brasa con blitva, la acelga con patata que aquí acompaña casi todo. La marenda, ese almuerzo fuerte de media mañana en las konobas, resume cómo come la ciudad: pronto, cerca del mar y sin ceremonia.
Todo eso ocurre, literalmente, dentro de un palacio romano: el casco antiguo no está junto a la ruina, está construido dentro, y unas tres mil personas siguen viviendo entre los muros que Diocleciano levantó para retirarse. Se recorre a pie porque el centro es peatonal y aparcar es un suplicio; los autobuses urbanos sirven para subir a Marjan o acercarse a las ruinas de Salona, y el puerto, a cinco minutos andando de la Riva, es la puerta real de la ciudad: de ahí salen ferris y catamaranes a Brač, Hvar o Vis. Alquilar coche solo compensa para excursiones como Trogir o Krka.
La ventana de mayo a septiembre tiene trampa: en julio y agosto los cruceros sueltan a miles de pasajeros dentro del palacio a mediodía, los precios se disparan y el festival Ultra Europe llena además la ciudad. Septiembre juega con ventaja: el Adriático retiene el calor acumulado, el agua está más templada que en junio y la multitud afloja.
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Mañana. Empieza por el Palacio de Diocleciano a primera hora, antes de que lleguen los grupos de los cruceros. No es un monumento aparte: es el propio centro de la ciudad, con vecinos, bares y tiendas dentro de los muros romanos. Entra por la Puerta de Oro, cruza el peristilo y baja a los sótanos, que se recorren con calma y dan una idea clara de cómo era el edificio original. Reservar entradas y visitas.
Mañana. Sube al campanario de la catedral de San Duje, que antes fue el mausoleo del emperador. Las vistas sobre los tejados y el puerto te ayudan a orientarte para el resto del viaje. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Come en alguna konoba de las callejuelas del casco antiguo, mejor alejada de la plaza principal, y pide pescado del día. Después pasea sin rumbo por el Varoš o por la Plaza de la Fruta, y da con la estatua de Grgur Ninski, junto a la Puerta de Oro, cuyo dedo del pie se toca por tradición porque se dice que da buena suerte.
Noche. Cena tranquila dentro o junto al casco antiguo y paseo por la Riva, el paseo marítimo, cuando ya ha bajado la temperatura. Es donde sale a pasear toda la ciudad, y se puede tomar algo mirando las luces del puerto.
Mañana. Sube a la colina de Marjan por las escaleras desde el barrio de Varoš, a primera hora para evitar el calor. Hay miradores por el camino y desde arriba se ve el casco antiguo, el puerto y las islas cercanas. Lleva agua y calzado cómodo.
Mañana. Baja por la vertiente sur/oeste de la colina hacia las playas de la zona de Kašjuni o Bene, donde puedes darte un baño con calma. Son playas de guijarros, así que unas sandalias de agua vienen bien.
Tarde. Come algo ligero en la zona y descansa en la playa o a la sombra de los pinos, sin más plan que dejar pasar las horas centrales del día tras la caminata de la mañana.
Noche. Vuelve hacia el centro y cena en el barrio de Veli Varoš, con menos turismo que el casco antiguo. Es un buen sitio para probar cocina dálmata más casera.
Mañana. Dedica el día a salir de la ciudad en barco hacia una isla cercana. Hvar y Brač son las opciones más habituales; si es tu primera vez y quieres algo sencillo, Brač con su playa de Zlatni Rat es una apuesta segura. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Pasa la tarde en la isla con un baño y una comida de pescado en el puerto.
Noche. De vuelta en Split, cena sin prisas cerca del puerto y cierra el viaje con un último paseo por el casco antiguo, que de noche resulta más calmado una vez se van los grupos.
El centro de Split se recorre a pie, así que ahórrate el coche de alquiler y reserva alojamiento dentro o muy cerca del casco antiguo. Y si vas en verano, madruga: las mejores horas para caminar son las primeras y las últimas del día.
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