Picos dramáticos, lagos alpinos y rifugios. Mejor época: Verano e invierno.
La etiqueta de verano e invierno esconde una trampa: las Dolomitas tienen dos temporadas reales y dos parones. De mediados de junio a finales de septiembre funcionan remontes y rifugios de senderismo; de diciembre a primeros de abril, el Dolomiti Superski, con unos 1.200 kilómetros de pistas bajo un mismo forfait. Fuera de esas ventanas —octubre, noviembre, buena parte de mayo— muchos teleféricos y refugios cierran, y los senderos altos guardan nieve hasta bien entrado junio. Agosto añade lo suyo: media Italia de vacaciones y accesos regulados, como el del lago de Braies, que en temporada alta restringe la subida en coche.
Moverse pide coche o paciencia con los autobuses. El tren no entra en el corazón del macizo: llega a Bolzano, Bressanone o San Candido, y desde ahí suben líneas de autobús a Val Gardena, Alta Badia o Cortina. Con coche, cuenta con puertos lentos de curvas encadenadas —Sella, Gardena, Pordoi— que en verano se comparten con ciclistas y motos. Arriba, el remonte es transporte, no capricho: ahorra horas de desnivel y permite cruzar de un valle a otro en el día.
El dato que descoloca al recién llegado: estas paredes pálidas son un antiguo arrecife de coral del Triásico, de cuando aquí había un mar tropical. Esa roca clara es la que se enciende de rosa al atardecer, el fenómeno llamado enrosadira. Y en Val Gardena o Alta Badia la señalización va en tres lenguas: italiano, alemán y ladino.
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Mañana. Llega a Ortisei y deja el coche aparcado: el pueblo se recorre a pie. Un paseo por el casco antiguo, con sus talleres de talla de madera, te sitúa en la cultura ladina, que aquí se oye en las conversaciones y se lee en los rótulos. Entra en alguna tienda de tallistas para ver el trabajo local de cerca.
Tarde. Sube en telecabina a la Alpe di Siusi, la mayor pradera de alta montaña de Europa. Camina sin prisa por los senderos llanos con el Sciliar y el Sassolungo de fondo. Es una buena primera toma de contacto con las Dolomitas para quien no viene a escalar. Reservar entradas y visitas.
Noche. Baja a Ortisei y cena en una stube tradicional: canederli, speck y platos de montaña. Después, un paseo corto por el centro y a dormir pronto, que mañana toca madrugar.
Mañana. Dirígete al Lago di Braies. A primera hora el agua está quieta y refleja la Croda del Becco, la imagen que se ve en todas las fotos del lago. Da la vuelta al lago andando y disfruta del entorno. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Haz el circuito a pie alrededor de las tres cimas de Tre Cime di Lavaredo, el perfil más reconocible de las Dolomitas. El recorrido clásico mide unos 9–10 km, con unos 400 m de desnivel y entre 3 y 4 horas, y se considera de dificultad media. Las vistas cambian en cada recodo. Lleva capas de abrigo aunque haga sol abajo. Reservar entradas y visitas.
Noche. Cena en un pueblo de la zona, como Dobbiaco o Cortina d'Ampezzo, con algo caliente tras la caminata. Ten en cuenta que Cortina queda a unos 30–40 km por carretera de las Tre Cime, así que "cerca" es relativo. Cortina tiene más ambiente para un paseo posterior por su calle peatonal.
Mañana. Conduce por los puertos de montaña hasta el Passo Pordoi. Las curvas y las vistas del macizo del Sella forman parte del trayecto, así que ve con calma y para en los miradores. Desde el puerto, el teleférico sube hasta una terraza panorámica con vistas panorámicas si el tiempo lo permite. Reservar entradas y visitas.
Tarde. Come en un rifugio de montaña con terraza y prueba la cocina de altura: polenta, gulasch o una buena sopa de cebada. Después, un paseo suave por los prados cercanos antes de volver.
Noche. Regresa a Ortisei o al valle donde te alojes y cierra el viaje con una cena tranquila. Un brindis con vino blanco de la región, como un Gewürztraminer, va bien para despedirse.
Consulta siempre el parte meteorológico la víspera y deja flexible el orden de los días: en las Dolomitas la niebla o la lluvia pueden tapar los miradores, y conviene mover la excursión más panorámica al día más despejado. Lleva calzado de montaña y una capa impermeable aunque el cielo esté azul.
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